Un proyecto de consultoría operativa no debería ser una caja negra. Aquí tienes, con toda la transparencia, cómo trabajamos de principio a fin.
Todo empieza con una conversación. Sin formularios largos, sin presentaciones corporativas. Una llamada de treinta minutos donde tú explicas qué está pasando en tu empresa y nosotros escuchamos.
En esa llamada evaluamos si tu situación encaja con lo que hacemos. No todos los problemas operativos requieren consultoría externa. Si creemos que puedes resolverlo internamente, te lo decimos directamente.
Esta es la fase más intensiva. Visitamos tu empresa, hablamos con las personas que realizan cada tarea y observamos cómo fluye el trabajo de verdad, no cómo se supone que debería fluir.
Mapeamos cada proceso relevante desde su inicio hasta su fin. Anotamos dónde se producen esperas, dónde se duplica trabajo, dónde hay pasos que dependen de una sola persona o de un único documento.
Las entrevistas son individuales y confidenciales. La gente habla con más franqueza cuando sabe que sus palabras no van a citarse en una presentación delante de su jefe.
Con el mapa en mano, identificamos los puntos donde el flujo se ralentiza o se interrumpe con mayor frecuencia. Los clasificamos por tipo: cuellos de botella por dependencia personal, por herramienta inadecuada, por falta de información o por ausencia de un proceso definido.
Esta clasificación es importante porque el tipo de cuello de botella determina el tipo de solución. No se resuelve igual una dependencia de persona que una ausencia de plantilla.
Para cada cuello de botella identificado, proponemos una solución concreta. Cuando la solución pasa por una herramienta digital, priorizamos opciones gratuitas o de coste muy reducido que el equipo pueda adoptar sin fricción técnica.
Cuando la solución pasa por estandarizar un documento, creamos la plantilla. Presupuestos, albaranes, seguimiento de pedidos, registros de incidencias. Cada plantilla se diseña con los campos y la estructura que necesita tu equipo específico, no una plantilla genérica de internet.
La propuesta se presenta en una sesión de trabajo donde cualquier miembro del equipo puede hacer preguntas y proponer ajustes antes de que empiece la implantación.
Configuramos las herramientas, creamos los espacios de trabajo digitales y preparamos todos los documentos. Después formamos al equipo en sesiones prácticas: no explicamos teoría, practicamos con casos reales de la empresa.
Cada persona que va a usar el nuevo sistema tiene que salir de la sesión de formación sabiendo exactamente qué tiene que hacer en su próximo turno de trabajo. Si no es así, repetimos hasta que lo sea.
Después de la implantación, el sistema se enfrenta a la realidad. Surgen preguntas que nadie anticipó. Algún proceso necesita un ajuste menor. Una plantilla tiene un campo que falta. El seguimiento existe para resolver todo eso.
Hacemos una revisión a las dos semanas y otra al final del período de seguimiento. Cuando el equipo trabaja con fluidez y sin necesitar apoyo externo, el proyecto se cierra formalmente.
Depende del tamaño de la empresa y del número de procesos a trabajar. Un proyecto estándar para una pyme de entre cinco y quince personas suele durar entre seis y diez semanas desde el diagnóstico hasta el cierre del seguimiento.
No. La llamada de exploración sirve precisamente para eso. Muchas empresas saben que algo no funciona bien pero no saben exactamente qué. El diagnóstico es parte del trabajo.
Para el diagnóstico inicial, la presencia en tu empresa es muy recomendable. La mayor parte de lo que aprendemos en esa fase no se puede capturar en una videollamada. Las fases posteriores pueden realizarse en formato mixto o remoto.
Es normal y lo anticipamos. Por eso involucramos al equipo desde la fase de diagnóstico. Las personas adoptan mejor los cambios cuando han participado en diseñarlos. La formación también está diseñada para reducir la resistencia, no para vencerla.